Sección que fusiona la literatura con la moda. Puedes leer el capítulos anteriores:
Un hombre de piel negra, de no más de 30 años, elegantemente vestido y exquisitamente atractivo recibió a Sharon a la entrada de la sala de fiestas del hotel Queen.
- Su nombre, si es tan amable.
- Sharon Devine.
- Sígame por favor, le haré llegar hasta su mesa. – Dijo aquel maromo tras levantar la cabeza de la lista de invitados.
La amplia sala, relucía de una decoración exquisita. Los elegantes invitados se disponían en mesas redondas ornamentadas con pequeños toques de tonos dorados que resaltaban su ostentosidad. De fondo, una música elegante y tranquila. Mientras el escenario de la sala aparecía vacío y apagado. Sharon no estaba acostumbrada a aquellos ambientes tan sofisticados pero tenía la impresión de que iba a ser divertido.
Cuando se acercaba a su mesa, vio que sus amigas acompañadas de sus vecinos ya estaban esperándola. Tomaban vino blanco y charlaban hasta el momento en el que la llegada de Sharon pareció romper la conversación.
Sus amigas le sonrieron y Morgan fue la primera en levantarse de la mesa para recibirla.
- ¡Sharon estás preciosa! Me encanta como te queda el negro. Te presento a Charles y Brian. ¿Cómo has tardado tanto? Tú siempre eres la primera en llegar.
- Es una larga historia – No quería dar detalles de esa larga historia que tenía que ver con su indecisión sobre que ponerse. Que te avisen en el mismo día que tienes una fiesta tan sofisticada no permite mucho tiempo para decidir bien el modelito.
Pero Sharon realmente lucía perfecta. Cuando Lis dijo “Id presentables” ella ya intuyó que había que vestirse para una ocasión especial. Nunca había estado en una fiesta privada de un cantante de tanto éxito. Así que decidió ponerse aquel vestido negro que aún guardaba con etiqueta en el armario como tantas prendas que aún no había encontrado momento para lucir. Como buena compradora compulsiva su armario estaba lleno de ropa sin estrenar. Pero finalmente había elegido bien y lucía fantástica. Su cabello rubio quedaba recogido en un moño bajo, lateral muy femenino. Mientras que el toque rojo de su bolso y zapatos la salvaban de la recurrente frase de “¿Qué? ¿Se te ha muerto el canario?”.
- Encantada. –Dijo Sharon acercándose a los chicos para saludarles con dos besos.
- Un placer Sharon –Dijo Charles que acaba de reconocer el perfume de Sharon.
- Vaya… Mucho gusto por fin nos conocemos a pesar de vivir al lado. – Brian era realmente guapo para ser gay pensó Sharon que pudo contestarle con una sonrisa complaciente.
- Cierto
- Hola guapísima, siéntate a mi lado – Le invitó Betty.
Charles sirvió de la botella descorchada de vino blanco que había sobre la mesa, una copa a Sharon y levantó la suya invitando al brindis a todos.
- Por nosotros.
- Por nosotros - Contestaron todos.
- ¿De qué conocéis a Bart Singel? – Preguntó Betty a los chicos.
- Charles es el decorador de su casa en Londres.
- Es un gran amante del estilo minimalista y un maniático de lo impoluto – Compartió Charles con las chicas.
- Vaya…Con su estilo Rock hubiera jurado que era amante de lo extravagante y desordenado – Dijo Betty.
Mientras tanto Lis que aún no había dicho palabra miraba su teléfono móvil.
- ¿Ocurre algo Lis? – Le preguntó en petit comité Betty.
- Luego te cuento…
- Pero ¿Va todo bien?
- Si, no te preocupes. No es nada.
- Anda vamos a pedir algo más fuerte y me cuentas. – Dijo en el mismo nivel de voz, alzándola después para decir – ¿Os apetece unas Margaritas?
Cuando Betty y Lis consiguieron alejarse de la mesa, Betty dijo:
- Cuéntame.
- Es Alex, ha vuelto a llamarme.
- ¿Qué quería?
- Que nos viéramos. Me ha invitado a cenar esta noche pero como teníamos la fiesta le he dicho que no. Así que hemos quedado más tarde, para dar un paseo y hablar. Le he dicho que le llamaría al acabar pero no sé si hacerlo.
- ¿Por qué?
- Porque quiero pasar página. Quiero divertirme. Además ya me había olvidado de él.
- No sé que decirte… Si lo tienes tan claro por lo menos queda con él aunque sea mañana por la mañana, no es un mal chico. Disfruta de la fiesta hoy y mañana le dejas las cosas claras. – Si Betty pensaba de Alex que no era un mal chico es porque le había caído realmente bien. Su actitud hacía las personas solía ser siempre pesimista y mal pensada a menos que le cayeras bien o fueras uno de sus amigos.
- Tienes razón. Ahora mismo le mando un sms para avisarle y apagó el móvil.
Lis y Alex habían estado saliendo juntos hacía casi un año. Su relación había comenzado a sus 14 años con lo que habían pasado muchos años juntos pensando que tras 12 años, habían superado la etapa de la monotonía.
Pero dos meses antes de la boda Lis empezó a temblar con la sola idea de sentirse casada, eso la haría sentir mayor y consciente de que su vida sería completamente diferente a las de sus amigas aún solteras. ¿Qué vendría después? ¿Los hijos y después los nietos? ¿Las babas, los pañales y los días encerrada en casa? Con su vestido de novia puesto, frente al espejo comenzó a sentir vértigo y pánico por la velocidad del tiempo. Lis siempre había sido una chica con un espíritu propio de una niña que no quería aceptar el paso del tiempo. Hasta aún dormía con un peluche y Betty bromeaba con ella “Para tu cumpleaños te regalaré un chupete”.
Lis intentó cancelar la boda y pedirle más tiempo a Alex, pero este no entendió como después de tantos años juntos no podía comprometerse aún con él.
- Es sólo un papel firmado Lis… y una fiesta para celebrar que nos queremos. Nosotros hace mucho tiempo que estamos casados aunque no de forma oficial.
Pero eso agravó aún más el estado de Lis que le hizo caer en la conclusión de que sin darse cuenta había sido presa de una vida aburrida propia de una casada. Si no paraba aquello a tiempo todo sería peor pensando que con ello quizás el tiempo se congelaría.
Desde entonces había hecho una vida libre y divertida. Saliendo con chicos sin comprometerse con ninguno y pasando todo el tiempo que podía con sus amigas. Pero lo cierto era que nadie le había resultado tan perfecto como Alex en todo ese tiempo.
Mientras todos juntos compartían charlas paralelas sobre los intereses de cada uno, se estrechaban los lazos entre las chicas y sus nuevos amigos acompañados de las Margaritas. La luz de la sala se volvió tenue y concentrada en el escenario en el que se encontraba Bart Singel agradeciendo la presencia de sus invitados.
Poco después la música se fue volviendo más cañera y los invitados abandonaban las mesas para bailar y salir a las terrazas del hotel a conversar y sentir el fresco de una de las primeras noches de verano.
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A Lis le costó mucho levantarse de la cama por la mañana para quedar con Alex. No había caído de que quizás estuviera de resaca. Pero posponer la cita de nuevo no era muy considerado.
Así que se pegó una ducha fría pasando largos minutos debajo del chorro de agua intentando, sin mucho éxito, que la jaqueca se enfriara.
Después de vestirse y tomar un café cargado salió de casa con un portazo que asustó a su gata, Pirracas.
Alex la estaba esperando en la terraza del bar Nippon acompañado de un café y un pequeño paquete sobre la mesa.









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